miércoles, 31 de julio de 2013

Crónicas desde el furgón



Primero fueron los privatizadores, después los distintos concesionarios, sin embargo, para su gente, para sus usuarios fue y seguirá siendo “el sarmiento”.


La tradicional línea ferroviaria que corta como un tajo de este a oeste, primero a la ciudad de Buenos Aires y luego al conurbano, desde Balvanera, donde está su cabecera, hasta Moreno, primer tramo electrificado del servicio.



Hace tiempo que no viajo, pero hubo una época en que lo usaba frecuentemente, muy frecuentemente y siempre en los vagones con asientos, pero, desde que a los enfermos se nos prohibió fumar, empecé a viajar en el furgon.


El furgon, también conocido como bicicletero, supo tener mutaciones de usos y usuarios, según la realidad social de sus viajeros. Así, las bicicletas, disputaron su espacio con los changos y carros de los, a mi me gusta decirles “carreros”, cartoneros. Cartoneros suena peyorativo, en cambio quien tira de un carro es carrero.




Si hasta en algunas líneas se formaron convoyes especiales para los carreros, no hace mucho de eso, eh!, fue por el 2002, cuando la malaria, la hambruna y la desocupación hacían estragos en muchos de nuestros hermanos. “El tren blanco”, le llamaban. Cuanto ha cambiado la realidad de muchos hermanos! Y tan sólo en apenas una década.


Pero volvamos al eje del tema. La cuestión es que el furgón tiene leyes propias, o para mejor decir, un código propio. Por caso, sus habitúes permiten que se fume. Ahí mude mis trastos entonces en cada viaje.


Este escriba tiene la costumbre de observar, de escudriñar, de indagar, normalmente en cosas que para el resto, pueden resultar intrascendentes, sin embargo, me resultan sumamente educativas y formativas, por eso, me permito esta reflexión ‘desde el furgón’


Tiene algo de estadio de fútbol, además de ése lugar, el furgón debe ser el único en que las distintas clases sociales se mezclan sin tapujos ni reparos. Fundamento: conozco amigos de muy buena posición económica que tranquilamente pudieran pagarse un palco, pero optan por la popular porque –dicen- ahí se siente el ‘fúlbo’ de otra manera. Y lo mismo pasa en el furgón, y no porque fumen, prefieren viajar allí, será qué es el último resabio que queda para disfrutar un verdadero viaje en tren?


Algunos, un poco más ‘léidos’ dicen que el furgón es lo que las Islas Caiman al menemismo: El Paraíso, aquel fiscal, éste por su libertad.



En el furgón, diría Discepolin “ves llorar la Biblia contra un calefón” o “cómo en botica”, la señorita de trajecito sastre, tacos y medias de nylon, se roza con el mameluco de un laburante; el morral con la netboook comparte su espacio con el bolso marinero del albañil, del que se escapa el nivel de 50 cm; rolingas y jóvenes ‘entrepreneur” comparten la ventana sin vidrios y sin marcos; carros “fato in casa” con bicicletas de ocho lucas; ratis y gratas; rateros y atorrantes desparraman su humanidad en el piso; se juega a los naipes; se toma cerveza; se baila al ritmo de las música de algún celular; se fuma de todo.




Ese espectáculo, que sólo brinda el furgón, espantaría a más de una señora de bien, le daría desconfianza y hasta temor, sin embargo, es el lugar más seguro para un viaje en hora pico. Si tenés que viajar en ‘el Sarmiento’ en hora pico, hacelo en el furgón. Es el último lugar con códigos que queda, si hablamos de medios de transporte. Y si no, subite al 132 en el Clínicas, tipo seis de la tarde, y decime, si cuando bajas en Once, todavía tenes el calzoncillos puesto.



Sólo deberas observar una regla no escrita hasta hoy: quien decida viajar en el furgón debe saber que a nadie se mira a los ojos y menos se chusmea que hacen otros. La colectividad y comunidad que se da en el furgón, está fundada en no desconfiar y menos, importarle que hace el otro, y como todos estan en la misma, nadie se mete con nadie, te digo más, si hay pungas, en el furgón es el lugar en el que “descartan los cueros” y se toman un respiro.



Si estas dispuesto a seguir esas dos reglas, te aconsejo te adentres en un viaje en el furgón. El furgón es una experiencia única, es, en definitiva, un viaje de ida.

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