lunes, 2 de abril de 2012

Fábrica de Héroes

De Telam, un trabajo de Por Maria Laura Guembe*

La cobertura mediática de la guerra de Malvinas es una clase magistral sobre la creatividad que opera detrás de toda estrategia de censura y distorsión. Si bien al presenciar una operación de censura todo lector se ve atrapado por la incertidumbre en torno de adivinar lo que fue suprimido, el caso de Malvinas porta otra curiosidad: la de lo que se construyó con el resto.

La primera operación de censura se centró en el control de la producción de información en torno de la guerra. La segunda en su edición. La tercera en su circulación.

En este breve artículo me interesa la segunda operación, en particular sobre el rol desempeñado en esto por la revista Gente y su pretensión de exhaustividad y exclusividad informativa. Lo que sigue es un primer acercamiento al tema.

Desde el comienzo de la guerra y hasta el día de la rendición, la revista Gente le dedicó sus números completos. El sujeto de su enunciación se convirtió ya desde la portada en un “nosotros” no inclusivo: nosotros que “Vimos rendirse a los ingleses”; nosotros que “Estamos en guerra”; nosotros que “Vamos a atacar”; nosotros que “Estamos ganando”. Durante el conflicto, el enunciatario era un “usted”: “usted” que recibe la información que sólo “nosotros” le podemos dar. Nosotros que estamos ahí.

Así, desde un lenguaje exageradamente deíctico, la revista dedicó centenares de páginas a mostrar, señalar, indicar, lo que había ocurrido, con pretensión de exclusividad heroica (éste, él, acá, así, son grandes dedos índices que arremeten desde los titulares contra las fotografías).

El fotógrafo

Mientras en su número del 8 de abril Gente tatuaba en su tapa la leyenda “Fuimos el único medio periodístico que estaba ahí”, el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca llevaba seis días publicando fotografías e informes de producción propia1. De golpe todos querían ser el vocero exclusivo de la Armada. Ocurre que desde los últimos días de mayo el diario sureño tenía su reportero y su fotógrafo arriba del barco comandado por el contralmirante Büsser, camino a Malvinas, mientras la revista Gente tuvo un golpe de suerte al dar con un fotógrafo argentino que estaba en Malvinas por casualidad trabajando para una agencia francesa. Rafael Wollmann fue así el primer héroe que Gente enalteció desde su exasperación deíctica. Wollmann, “el único periodista que estuvo ahí”, había permanecido oculto en una casa de Stanley durante el desembarco, junto a unos cuantos periodistas más, intentando adivinar cuál sería su suerte como argentino mezclado entre ingleses en medio de una guerra.




De ahí en adelante, la revista publica cantidades de fotografías, todas ellas del después, donde los militares argentinos pasean sus tanques por la Ross Road, posan con sus uniformes limpios e intactos, o se dejan fotografiar custodiando a los prisioneros ingleses. Las fotografías de Wollmann aportan a la construcción del relato heroico y, de paso, a la del fotógrafo héroe que hasta posa junto a la avión de Aeromaster (ni siquiera el avión queda exento de intencionalidad semántica) provisto por la revista para devolver al hombre a Buenos Aires.

El buzo

Entre una imagen y otra, el lector se va haciendo de una jerga nueva y se adentra en el mundo de estos nuevos héroes. El segundo héroe fabricado desde la revista es un héroe genérico. No tiene todavía nombre ni apellido, aunque sí tiene cara y disfraz. Es el buzo táctico: “Fueron los primeros en desembarcar. Los que hicieron en terreno pantanoso ocho kilómetros de marcha en sólo cuarto horas. Mantuvieron los enfrentamientos más duros. Tuvieron bajas. Son hombres preparados para todo tipo de combate. Pero, ¿quiénes son, dónde se entrenan, qué saben hacer?”




¿Por qué Gente necesitaba enaltecer esta figura? Mientras pocos rostros aparecen sin nombre, el sujeto de la foto es anónimo. Y la fotografía, que pertenece a la agencia ILA ocupa una página completa en un número que no necesita material de relleno. ¿Por qué?

El artículo que la acompaña cuenta sobre la base de entrenamiento en la ciudad de Mar del Plata y sobre los ejercicios rigurosos de supervivencia desarrollados por este grupo selecto. Sosteniendo un nivel de generalidad constante en afirmaciones y referencias, omite mencionar también el nombre de quien fuera responsable del entrenamiento de estos personajes: Alfredo Astiz para ese entonces ya era conocido en Argentina y en el exterior por su participación en el secuestro de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon y estaba en la mira de la justicia francesa. Sólo cuando la fotografía en la que firma la rendición en las islas Georgias comenzó a circular en los medios, se supo que marino había estado en Malvinas. La revista, cuidadosamente no lo menciona. Avanza, en cambio, en la enumeración de virtudes de esos sujetos anónimos y remata diciendo: “Ahora, cuando usted lea buzo táctico, ya sabe de qué le hablan”. Ese ahora refiere al momento en que, promediando la segunda mitad del mismo número, el lector se encuentre con uno de estos aquamanes de fabricación casera devenido mártir.

El mártir

Entre las notas sobre cómo era la vida de los “nuevos argentinos” antes del 2 de abril aparece una que cuenta que Inglaterra había impreso en 1981 dos estampillas referidas a las islas Malvinas, ambas con imágenes de Lady Di. Ni lerdos ni perezosos, los ideólogos de la revista Gente proponen la suya y la destinan a un homenaje: “Un símbolo para honrar al capitán Pedro E. Giachino, muerto por la Patria”.





La noticia de la muerte de Giachino recorrió el país montada en relatos más o menos similares. Si bien no fue el único muerto de ese día, los medios decidieron concederle la exclusividad del deceso. Mientras tanto, a los edificios de la Marina la noticia llegó de otra manera: para ellos, el muerto era “Pablo”. Así se hacía conocer frente a las personas ilegalmente detenidas en el casino de oficiales de la ESMA. Así recuerdan a Giachino algunos de los ex detenidos-desaparecidos que pasaron por ahí.Gente no duda en llamarlo “El héroe del 2 de abril” y en una doble página despliega una serie de fotografías que muestran el jeep donde trasladan el cuerpo, el retrato del legajo militar del muerto, la imagen de la viuda con una de las hijas llorando en el velorio en la Base Naval Puerto Belgrano, y la ceremonia de traslado del cajón cubierto por la bandera argentina. En la ceremonia, el comandante en jefe de la Armada lo despidió diciendo: “Señor, recibe en tu seno a este soldado que tiene como mérito supremo el haber dado su vida en defensa de la Patria”. Los detenidos de la Esma entendían de una manera bien distinta a qué se referían estos sujetos cuando hablaban de la “Patria”.

El halcón
El 20 de mayo Gente publicaba en su portada la fotografía de un piloto de la Fuerza Aérea sentado en su avión, con los brazos hacia arriba y los pulgares en gesto de victoria (los militares no usan para esto los dedos en V). Era el héroe de “los halcones”. La imagen portaba felicidad y estaba precedida por el titular: “Respuesta argentina a las agresiones británicas: VAMOS A ATACAR”. De esta manera convertía al personaje únicamente en defensor, y marcaba con claridad que el ataque aún no había comenzado. Había sido un buen comienzo, pero lo mejor estaba por venir.





Indagando sobre el combate del 12 de mayo, en el que participaron el piloto y el avión de la fotografía, es fácil encontrar errores importantes en el texto de la revista, pero mucho más en el sentido de la fotografía de la portada:

Los barcos ingleses en cuestión eran dos: el destructor Glasgow y su escolta, la fragata Brilliant. Dos escuadrillas argentinas emprendieron contra ellos: la Cuña, integrada por cuatro aviones de los cuales sólo uno sobrevivió al intento pero en su regreso terminó fuera de pista2, y luego la Oro. El sistema de defensa de la Brilliant falló y eso permitió que los aviones arrojaran cuatro bombas: tres impactaron sobre el destructor dañándolo seriamente (la bomba que más lo dañó, lo hizo atravesándolo, ya que no explotó) y una sobre la fragata, ocasionándole daños menores. Uno de los aviones de la escuadrilla fue derribado a su regreso por las baterías antiaéreas argentinas sobre Goose Green. Después de la batalla, el Glasgow se retiró del combate. Frente a todo esto, Genteeligió poner en su tapa una imagen de victoria indicando que el dibujo del barco pintado sobre el avión representaba a la fragata (¿?) y omitiendo el nombre del destructor así como también toda mención a los pilotos muertos y los aviones derribados. Tantas bajas no le iban bien al título “Vamos a atacar”.

La historia oficial

Número a número, Gente fue fabricando sus propios héroes y batallas, muchos de los cuales fueron retomados por la historia oficial de la guerra. Cada fotografía, cada dibujo y cada testimonio fueron utilizados para construir un enunciador privilegiado y un enunciatario pasivo, convencido de presenciar en esas páginas los secretos y las claves de un momento histórico.

Decía al comienzo que se trata de una clase magistral sobre manipulación. Sobre desinformación también, ya que varias estrategias se juntan aquí: la ausencia de datos, la sobreabundancia, la tergiversación, la sobreexplicación. Todo por el mismo precio.

Treinta años más tarde, la relectura de éstas y otras páginas de la época nos permite reconocer nombres que aparecen con frecuencia en los periódicos que cubren los juicios por crímenes de lesa humanidad y otros que no se mencionan por haber fallecido en el ínterin. Todos ellos pasaron por distintos grupos de tareas. Los buzos tácticos, en particular, tuvieron su lugar de desempeño en la Base Naval Mar del Plata. Los sobrevivientes de ese lugar los recuerdan todavía. Giachino, que se había formado, al igual que Astíz, en el Curso de Reconocimiento Anfibio que dictaba la Escuela de Infantería del Ejército, tuvo tiempo de pasar por la ESMA también. Allí y en Mar del Plata había desarrollado la práctica de patear puertas y entrar a los tiros a casas ajenas. En esa acción fue que lo mataron, irrumpiendo en la casa del gobernador inglés en Stanley. La única acción violenta que se registró en el desembarco y, según algunas fuentes, en contra de las órdenes que le eran impartidas. Hoy, en memoria del capitán Giachino (ascendido post mortem), varias escuelas públicas del país llevan su nombre. Se trata, sin dudas, de una de las figuras construidas por la prensa y por las propias Fuerzas Armadas y arraigadas en las memorias de la guerra. El desafío será, en adelante, construir nuevas memorias que no necesiten de héroes inventados porque, si un héroe es lo que queremos, vasta adentrarse en las historias de las trincheras o en las de quienes tuvieron destinos de aire y de mar y seguramente encontraremos algunos más genuinos.

Nota:
1 Esto lo afirma la revista con intención de instalar esa idea, sin dejar de mencionar en sus páginas a otros medios y a otros reporteros y hasta incluyen una entrevista a los enviados de La Nueva Provincia. Las contradicciones estallan a la vista del lector sin llegar nunca a ser una preocupación para el editor.

2 Camogli, Pablo, Batallas de Malvinas¸ Buenos Aires: Aguilar, 2007. Pág. 130

* Para la revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

lunes, 5 de marzo de 2012

Mukombo


La mayor satisfacción que a uno se le podía ocurrir en aquella época era completar el álbum de figuritas. Conseguir una a una, como fuera y si se lograba con una mínima inversión, mejor todavía. No era cuestión de andar pidiendo todos los días un par de monedas que para nosotros tenían el valor del oro. En esos años uno estaba al tanto de la economía del hogar, y si no, la vieja se encargaba de recordarte lo que costaban las cosas; no es que hubiera miseria, a mi nunca me falto nada, igual me acuerdo de el azucar negra.

Me fui de tema …el punto es que las alternativas que se nos presentaban para conseguir el objetivo solían ser variadas, las mejores dependían de habilidades personales.

Yo era bueno jugando a la bolita, pero a las figus, me costaba; no terminaba de agarrarle la mano a esas circunferencias esquivas, de cartón y demasiado frágiles. Había sufrido mucho con las de latón.

En lo que mejor andaba era en el midi, pero, igual no calificaba; estaban el chupi y el espejito, pero todo dependía de la habilidad, algo que diferencia a las figus de la pelota, aunque las dos estaban relacionadas con el mismo deporte.

En la pelota, al ser un juego de equipo, aun sin habilidad podes ganar, pero en las figus estabas muerto.

Acabadas mis habilidades y con una economía restringida, quedaba un sola salida: el cambio, a partir de la acumulación compulsiva, el pilón. El pilón... un tema que a veces podía decepcionarnos , porque no era nada más que eso, un pilón de figuritas fáciles y repetidas que todos tenían.

Por eso, haber llegado a completar todo el álbum menos una, era visto, en aquellos infantiles años vividos en el suburbio, como una hazaña.

Poco entienden mis hijos hoy de esa aventura de juntar figus y completar el álbum a partir de la habilidad individual o del ingenio, porque hoy, ya no hay difíciles, por ejemplo, si te falta alguna, listo, llamas a la compañía y la comprás... Así cualquiera.

Un somero análisis sobre el cambio de modalidad acaecido con las figuritas, se podría asimilar a los cambios políticos en el país. Completar un álbum ha dejado de ser un hecho relacionado con la habilidad y/o el intercambio entre pares, para pasar a depender del dinero; a mejor situación económica, más posibilidades de completar el álbum; así las cosas, la individualidad capitalista desplazó la competencia y el trueque, no es casual que el cambió de modalidad tuviera su inicio allá por principio de los noventa.

Claro que no puedo olvidar que no me hice la pelota de fútbol de cuero número 5 que te entregaban a cambio del álbum lleno, por culpa de un ignoto jugador de la selección de Zaire.

¡Mukombo y la putaquetepario!

Pero más allá del folklore de la figurita, pocos saben quién era Albert Mwanza Mukombo. Fue el defensor número “3” de Zaire (actual República Democrática del Congo), tal vez el peor seleccionado que haya disputado un Mundial. Había nacido el en la provincia de Katanga el 17 de diciembre de 1945, jugaba en el TP Mazembe Lubumbashi, de su país natal, y era un futbolista de escasa estatura (1,64 metro) como casi todos en aquel plantel africano, la mayoría descendiente de las etnias de pigmeos mbuti.


Fue titular en los tres partidos de Zaire, el primer representante del África negra en Mundiales, en los que cayó sucesivamente 0-2 ante Escocia, 0-9 contra Yugoslavia y 0-3 frente a Brasil.


Sin grandes condiciones pero voluntarioso, fue pilar indiscutido de su equipo y de “Los Leopardos” entre 1967 y 1975. Mukombo falleció el 13 de octubre de 2001, a los 55 años.Varios de sus compañeros mundialistas ya lo habían precedido en un país donde la expectativa de vida apenas supera los 50 años.

jueves, 1 de marzo de 2012

Dos ambientes para once

Los primeros en llegar, creo recordar, fueron Mingo y Pepe. Era obvio, uno de ellos era el dueño del departamento.
White, Larry y Condorito salieron a dedo. En el cruce de Etcheverry, los levantó una camioneta que los depositó en Dolores. Aprovecharon la rapidez en llegar a la mitad del camino, para desayunar en el viejo parador Atalaya.
Durante ese desayuno, escuchaban como un niño le refería a su padre que al costado de la ruta, pegado al guarda rail había un hombre desaliñado, durmiendo con aspecto de vagabundo. No le dieron importancia.
Con el estomago lleno, emprendieron la caminata por la Ruta 63, esperando ser levantados por algún alma complaciente.
Nunca deben haber pensado que esa ruta la tuvieran que caminar entera, es decir, los treinta kilómetros que abarca entre Dolores y la Esquina de Crotto. Nadie los levantó.
Llegaron al “anochecer de un día agitado”. Se refugiaron en la parada de ómnibus que estaba frente a la caminera de la policía de la provincia de Buenos Aires, esa misma donde suelen exhibir vehículos “estrolados”.
Debo decir que el trío de caminantes estaba bastante exhausto. Larry tuvo la idea de pedir a la policía alojamiento, la respuesta fue tajante: “Sr., en una dependencia policial no se puede albergar gente, buenas noches”, portazo final.
Claro, corría el año 1982, post Malvinas y aún conservaban cierta cuota de arrogancia y poder, aunque paulatinamente se les fuera arrebatada por el pueblo al recuperar la democracia un año después.
Ese portazo final, echo a Larry como un perro y con los perros, ya que los tipos liberaron a un par de canes bastantes famélicos que rodearon la “parada-refugio-hospedaje” obligándolos a permanecer de pie sobre las sentaderas del refugio.
A eso se le sumo que White cayó en un tremendo estado gripal repentino, súbita temperatura, convulsiones y espasmos. El frío se apoderó de él. Larry y Condorito lo rodearon y arroparon con sus propios cuerpos. Así se quedaron dormidos y pasaron la, hasta ese momento, “peor noche de su vida”.
Al despertarse, con las primeras luces del alba, White había mejorado ostensiblemente, así que luego del trajín del día anterior decidieron tomar el Río de La Plata para cubrir los algo más de cien kilómetros que le quedaban por delante.
Fueron veinticuatro horas las que tardaron para cubrir unos trescientos cincuenta kilómetros.
Cuando finalmente llegaron al departamento, ya estaban Mingo y Pepe, más "El Topo", Moreta y Piraña, cinco que con ellos completaban ocho.

Acá va un fe de erratas, cometí un error imperdonable durante el tipeo original, me comí incluir al Topo, quien se sintió olvidado y defraudado, por eso, vayan mis disculpas, Topo, perdón, pero agarrate que se viene tu capítulo.
Cuando nuestros tres caminantes escucharon aquella conversación del niño en Atalaya, nunca pensaron que el pibe se refería a uno de los suyos, es que cuando Melena llegó les describió ese descanso que se había tomado, concluyendo entonces que el “desaliñado y vagabundo” era sin dudas el flaco Melena.
Van sumando? Ya son nueve.
Los últimos en llegar fueron Hulk y Corcho. Estamos en once.
Esta suerte de recopilación, permite a ustedes, caros lectores comprender el título de la entrada de hoy: “un dos ambiente para once”. Porque es la característica del departamento que Mingo ofreció para pasar ese fin de semana.
La pasaron bien, eran los últimos días de una aventura que había arrancado tres años atrás cuando el “Delpini” los juntó. Ahora, comenzaban a caminar los últimos tramos de la adolescencia, pronto, “el Delpini” les abriría las puertas para enfrentar al mundo.
No hay un recuerdo preciso de la vuelta, del regreso a casa, pero si de cómo se acomodaron para dormir, en el piso por supuesto: a las puertas del dormitorio, en el pasillo hacia el otro y único ambiente, la humanidad de Hulk y el resto esparcidos, hasta debajo de la mesa del comedor. Ah, vaya también una referencia hacia las pizzas de Mingo del sábado a la noche, ¡buenísimas!
Lo mejor de ese fin de semana de “once para un dos ambientes”, fue haberlo vivido con ustedes, tanto como el hecho de haber crecido juntos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

La Blue

Normalmente, los seres humanos solemos encariñarnos entre nosotros, es decir, no es muy común -siempre hay excepciones- tener sentimientos hacia cosas materiales, pero esta vez lo que vengo a referirles tiene que ver con el recuerdo que un grupo de tipos tiene hacia un automóvil, más precisamente, una camioneta.

Presentada la cosa, vamos a su desarrollo.

Ella merecería ser reverenciada por muchos. Es más, acá debería haber una foto de ella, ya que para quienes la conocimos fue seductora y voraz, era una diabla y la mejor compañera. La "Blue" fue la camioneta Chevrolet C10. modelo 74 de Matteo Aiello.

Cuando con apenas dieciseis años, junto a White nos subíamos a ella, dejaba de ser el utilitario de la carpintería y se reconvertía. White al volante y quien escribe como navegante.

Como olvidar su andar por la calle Pringles a más de 60 km/h, con Dani con los ojos tapados y yo indicandolé el andar: llavala así, mantenela ahí, un poquito a la izquierda..Que Locura!!!!

O aquella vez que en la Av.Crovara quedamos en la mano contraria a la que circulabamos para retomar el camino después de un trompo planificado.

Su cabina para tres alguna vez llevó tres parejas, si ya se que entran, pero lo particular fue que la novia de White iba sentada a su izquierda.

Supo ser tan noble, que en una noche de descontrol y alcohol absoluto, dejo de andar sola en alguna calle de Palomar para que los cinco que viajabamos en ella (White, Larry, Hulk, Corcho y Condorito) volviendo de Mirage durmieramos la mona en su cabina.

Fue "el duerme la mona" en muchas ocasiones y porque no decirlo, hasta "albergue transitorio".

El día de su partida, no ha quedado registrado. Es una pena, se merecía otro final y no un simple cambio de titularidad.

Las máquinas no tienen alma, pero ella, "la blue" fue diferente. Por eso ahí donde estés, vaya para vos mi recuerdo, queridísima "Brava modelo '74, de caja corta"

martes, 28 de febrero de 2012

White


Cuando con quince años tome la decisión de cambiar de colegio, jamás imagine el cambio que se produciría en mi vida. Entiéndanme, hasta ese tercer año en el“Juancho”, aún no me había destetado, venía cursando mis estudios con algunos chicos desde el jardín de infantes. 

El “Juancho” quedaba a veinte cuadras de mi casa y al que me había decidido cambiar, el Enet 13, quedaba en Villa Lugano.

De 20 cuadras a dos colectivos. De Ramos a Lugano, menudo cambio! 

La suerte quiso que ese cuarto año del Enet Delpini, se conformara con nuevos alumnos que se incorporaban ese año a la escuela, nadie se conocía entre sí. Todos fuimos “recienvenidos”, con la obligación de conocerse. 

Durante esos últimos tres años del secundario, la ubicación en el aula se mantuvo, más allá de algún cambio puntual, casi igual. 

Eran tres filas de asientos dobles: Yo (Condorito) me sentaba junto a la pared, con vista hacia el patio interno, en el anteúltimo banco. Detrás mío, Daniel Aiello (White, también Narichi y Danielitodani), a su lado Omar Marcolín (El topo) cerrando el aula. Pasillo de por medio, a nuestra diestra, Rubén Carreño (Carro) junto a Anibal Sanz (Corcho), delante de ellos, Ruben Cecconi (Larry) y Francisco Cassanese (Hulk); en la fila anterior a estos Candela (Mingo) y Pozzutto (Pepe). Voy a detenerme aquí, porque la mayoría de los recuerdos rondarán entre estos personajesEn esos primeros días del cuarto año coincidíamos viajando en la línea 117 entre otros, con White. El siempre bajaba en Emilio Castro y Larrazabal, sin embargo, una tarde no bajó, y como yo continuaba hasta Liniers, surgió indefectiblemente la conversación. 

Ambos íbamos hasta Ramos. 
Ambos íbamos a buscar una novia. 
Ambas iban al mismo colegio (la Medalla). 
Ambas iban a la misma división. 
Ambas se llamaban Patricia.


Sería la misma o eran dos? La incógnita se resolvió de la mejor manera, eran dos patricias. 

Ese día, con Daniel empezó nuestra amistad. Fuimos como hermanos durante mucho tiempo, lo que vulgarmente se dice: “eran culo y calzón”. Su casa era la mía, la mía era la suya; sus padres eran también míos al igual que mis viejo con él. 

Hoy, que ha pasado tanto tiempo, guardo el mejor de los recuerdos, mucho cariño y nostalgia por esos años juntos, pero debo reconocer un quiebre en esa amistad. Hubo un antes y un después. A la distancia, como en todos los órdenes, lo que en algún momento fue terminante, parece tomar otro cariz. Igual, todo bien White. 

Estoy seguro que el siente lo mismo. Lamentablemente nada volverá a ser como antes, y está bien que sea así, si no, no hubiésemos crecido. Todos cambiamos, todos fortalecemos personalidades, todos somos otros cuando somos hombres. Lo bueno es que ambos sabemos que nada ni nadie podrá quitarnos lo vivido, porque, justamente éso es, “únicamente nuestro”. 

Para el Tano, con afecto sincero.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Fútbol, o para mejor decir, Pelota

Uno no quiere entrar en discusiones cuando se habla de él, sobre todo porque hay tanto guacho esperando un desenlace trágico para poder vender, por eso, coincidiendo totalmente con Héctor Negro, es que les dejo su poesía, que lo disfruten no tiene desperdicio. 
Versos para Maradona.


Después de semejante relato, además tan bien hecho por Apo, quien no soño alguna vez con ser aunque sea un poquitito Diego, no? Ojalá estes bien Pelusa.

Juego al fútbol desde que tengo noción, pero desde hace 29 años cada vez que entro a una cancha de fútbol, encuentro a mi lado o en la otra mitad de la cancha al mismo tipo, ese es Andrés López.
Raro esto del fútbol entre los hombres no? Cual será la motivación que lleva a que otrora muchachos, hoy devenidos en hombres, normalmente fuera de estado y cada vez más impedidos físicamente, mantengan esta tradición durante tanto tiempo.
Se que no estoy planteando nada nuevo, es más, otros se han ocupado ya del tema, pero es que me cayo la ficha: hace casi treinta años y desde hace unos quince, todos los jueves, pasando por distintos complejos deportivos, un grupo de aproximadamente 15 hombres, se viene juntando para “jugar a la pelota”, que es lo más cerca que pueden estar del fútbol.
Debo confesar que no he sido uno de los más fieles y cumplidores en esta tradición que pervive en mi barra, en esa cita de los jueves por la noche, es más, acabo de volver después de una ausencia cercana a los dos años y pareció que fue ayer cuando deje de ir, vista la manera en que me recibieron el resto de los muchachos.
También es cierto que otros defeccionaron antes que yo y que ni siquiera son reincidentes. Muchos nombres me gustaría volver a encontrar los jueves cuando piso la “bombonera” en la Casona: la gorda Dastugue, que vaya a saber porque designio cada vez que lo convocamos está ocupado.
Me gustaría ver de nuevo tocando “el fúlbo” junto a mí al gallego López o al mismo Juan, hoy viviendo circunstancialmente en Honduras.
Ello no quita que me encante juntarme en el verde cemento todos los jueves con Triqui, el Turco, Gabriel, el mismísimo Ariel, “un player diferente” o Tito, mi cuñado, por nombrar a algunos, con quienes, por suerte, yo no se que nos une más: si despuntar el vicio de pegarle (cuando lo hacemos) a la redonda o la sobremesa cervecera que se prolonga normalmente más tiempo que el que le deparamos a correr.
Durante los lapsos en que estuve ausente deportivamente, más de una vez fui para compartir la sobremesa cervecera y alguna que otra vez a preparar una choriceada para cuando terminaran de jugar.
En fin, que un grupo de hombres, con un promedio de unos treinta/treinta cinco años, mantenga por tanto tiempo la misma rutina, al igual que otros tantos grupos que se diseminan por toda la Argentina, creo que no debe ser cosa común en otros países del mundo.
Gracias al fútbol, los hombres tenemos a diferencia de las mujeres (no conozco ningún grupo de mujeres que mantenga alguna actividad por tanto tiempo y que de ella hagan un culto de la amistad) y esto no es machismo ni va en contra de nadie, simplemente es un hecho que me permite aventurar, como decía más arriba, que gracias al fútbol nosotros lo tenemos a él y por eso seguimos siendo diferentes, lo que no nos hace mejores, pero…

El Señor Roberto Fontanarrosa es uno de los tantos escritores que ha dedicado gran parte de su obra a la temática del fútbol, en su obra Escenas de la Vida Deportiva, rescata en el relato El Picadito, el ritual de un grupo de amigos que se preparan para jugar al fútbol.
El Picadito, fue adaptado para un corto cinematográfico por la Productora ContraPlano & Carra, que lo disfruten:



lunes, 6 de febrero de 2012

El barrio, como el de todos

Decía que la cuadra era después del hogar, el lugar de pertenencia inmediato; ampliando el horizonte podríamos agregar que el barrio era el aglutinador de ambas circunstancias. El barrio, para quienes pudimos disfrutarlo, no era muy extenso; quedaba circunscripto a un par de cuadras más allá de la nuestra, sin orientación definida; puede decirse que el barrio era la ampliación de la cuadra hacia los cuatro puntos cardinales, aunque sin dudas, siempre se orientaba hacia algún punto especifico, por ejemplo, por la existencia de un puñado de negocios.

El barrio, en mi caso, se expandía hacia la calle Bolívar; sobre ella se apiñaban algunos negocios inmediatos: la verdulería de don Pedro, el almacén de Mauro, el kiosco de Pocho y, un poquito más allá, la mueblería de don Isaac y la ferretería de León. Como ven, todo estaba a mano, por lo menos, lo más indispensable. No fue aquella la época de los supermercados. Luego aparecieron Gigante y Gran Tía. No deben quedar muchos que recuerden que en donde hoy está el maximercado Makro de Haedo, se levantaba el supermercado Gran Tía o que en el predio ubicado entre el Carrefour y el Easy de Liniers, ahí sobre Juan B. Justo, existió el supermercado Gigante.

Para ir a Gigante, existía un servicio de colectivos que recorría los barrios reuniendo gente. Esos micros no eran nada más ni nada menos que los ómnibus escolares, los que en aquellos años eran de color blanco y no naranjas como ahora.

Pero, volviendo al barrio, es bueno recordar que en él se involucraba al resto de los habitantes de las demás cuadras, así las cosas, nuevos vecinos se incorporaban a nuestra vida. El barrio pasaba a ser patrimonio de todos. Surgían entonces las barras de las esquinas. Las había de todo tipo, unas más pendencieras que otras y algunas, más buenas que el puré, como la mía.

Normalmente, siempre había “pica” entre esas barras, pero por esos años, la disputa no pasaba a mayores y terminaba arreglándose el problema con algún picado, que naturalmente finiquitaba a los piñazos.Es decir, lo que no podía el balón, lo podía un puñetazo.

Recuerdo las barras de Caseros y Cerrito, la de Oncativo y Bolívar y la de Yerbal y Pringles. Estaba también la barra del Ateneo, cuya asociación tenía que ver con otra identidad, ya no la barrial sino la de pertenecer a un grupo societario. La nuestra tuvo pica con la de Caseros y Cerrito, hasta que decidimos la amistad -por conveniencia de nuestros dientes- para ir por otra barra, la del ateneo.